Hay momentos

Nada más aburrido que ver una línea de ensamble de vehículos. Los primeros cinco minutos emocionan, pero luego todo se vuelve repetitivo, frecuente. Pero si uno le pone cuidado, es un trabajo de coordinación donde el error es casi nulo. El que se equivoca o se demora afecta todo el proceso de producción que cuesta mucho tiempo y dinero. Por eso, cuando se es parte de esa línea, uno de los primeros consejos de los instructores es cumplir con la tarea y ser solidario para recibir y entregar.

Es una cadena que se muestra aburrida, medio insípida, pero al final, da resultados. Bueno, pues así nos aburra y canse, ahora debemos estar preparados para 40 días de encierro. No será fácil en un país acostumbrado a vivir en el caos y la anarquía, con una población egoista que muy pocas veces ha sentido la solidaridad. De pronto hemos sido sensibles a la Teletón, a las Caminatas de doña Nidia. Pero lo de ahora no se trata de dar plata y sentirnos tranquilos; es dar todo lo mejor de nosotros, así no estemos acostumbrados.

Esta cuarentena será muy difícil, más de lo que cualquiera hubiese pensado. Es un error pensar que este aislamiento será superado comprando comida, agua y papel higiénico por cantidades industriales. También hay que sacar lo más profundo de nosotros llámese caridad, humanidad, creatividad, salud mental, voluntad, paciencia y conciencia. Y nos daremos cuenta de muchas cosas.

Tendremos miedo; el peligro de la muerte posiblemente estará a la vuelta de la esquina. Así lo sienten las personas que tienen un familiar grave y no tiene seguro ni dinero para las medicinas; así se siente el miedo de las personas que han sido amenazadas, quienes de un día para otro han debido abandonar todo y huir de sus casas para salvarse. Así es el temor del que sabe va a morir y no puede despedirse de su familia, como sucede ahora con muchos adultos mayores en Italia.

Tendremos necesidad, pero la familia nos va a ayudar. Y valdría la pena pensar por qué una amenaza de tragedia nos debe despertar la solidaridad y no el hambre de los barrios pobres, la falta de educación a los jóvenes o el abandono a los campesinos? Si hoy se ofrece, por qué no se hizo lo mismo en el pasado? Todos somos familia, en los buenos y en los malos momentos.

Seguramente vamos a bajar la guardia, pero cuando ello pase, mire una foto, recuerde a quien más quiere. Y hágase cargo de esa o esas personas: Adopte a su mamá, a su papá, a un amigo. Llámelos, acompáñelos, ofrézcale un momento diferente. Comparta una canción, un chiste, un libro. Recuerde cuando alguien le dijo cuídese, abríguese, tome su medicina. Muchos lo hicieron por años. Ahora, encárguese usted, solo por unos días, y quizás después le quede como costumbre. Entregue, regale, dé las gracias, dé la vida por los demás. Este es el momento en que podemos hacer algo significativo en nuestra vida porque nadie en este camino se puede quedar atrás; nadie debe desfallecer. Vamos por todo o nada, o de lo contrario no lo lograremos por nuestros medios. El auto debe salir armado y funcionando de la línea de ensamble. Hay que arrancar de nuevo.

Fabio Arévalo Dillón
Director

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